14 junio 2010

Los ritmos y la armonia

En un segundo, invoqué todos los gestos en mi conciencia, todas las posiciones que mi espalda toma en un día cotidiano. Con eso, me desplacé en instantes pequeños e inmensamente intensos.

El ritmo normal está lleno de vacíos, de dejar los ánimos a un lado, de desperdiciar el cuerpo en ocupaciones, preocupaciones, reacciones y responsabilidades ajenas. Esta rutina contemporánea resulta un veneno para el cuerpo, para los huesos, los músculos, los nervios, los sentidos, la capacidad de disfrutar los placeres, combatir los miedos y sentir la conciencia dispersa y divagar por lo subjetivo que es lo trascendental.

La educación y todo el ritmo cotidiano están llenos de errores, de supuestos, actitudes, motivaciones y por sobre todo estímulos. Con esto, ya no queda tiempo para los cuestionamientos, para el silencio, el ocio, el vacío, la comunicación y para la conciencia. No queda tiempo para preguntarnos quienes somos, qué hacemos o hacia donde vamos.

Y hablando en términos más cotidianos y contextuales. Ni siquiera nos preguntamos como están nuestro cuello, ni siquiera escuchamos nuestra respiración.

Con tan solo dedicarle al cuerpo una hora y media de paz, todo el universo parece cambiar. Con tan solo prestarle la atención suficiente a nuestra respiración, a nuestros pies, a nuestros hombros y cuello, podríamos dejar de evadirnos y botar de una buena vez los instantes desagradables, los efectos secundarios y el fingir todo el tiempo para parecer normal frente a todo. También podríamos dejar de sentirnos cansados, asumidos, menospreciados, testarudos, innecesariamente valientes y correctos.

...

En ese mismo segundo de conciencia me sentí ajeno a lo que mi cuerpo sentía. Y claramente fue porque el centro de mi atención constante estaba tan distraído y desagradablemente disperso que no me percataba de porque mi espalda esta tan tensa o mi mandíbula no podía acomodarse bien.

De pronto me sentí incomodo de mi mismo, este era el primer paso. El segundo era seguir respirando, acomodándome, enfocándome. Luego de esto volví un poco más a mi. A mi intima forma de paz.

El tiempo pasa demasiado lento, el tiempo y el cuerpo pueden llegar a confabular perfectamente para que seamos infinitos. Pero es la rutina y el exceso de responsabilidades las que nos limitan, retraen y finalmente nos envenenan.

Los alimentos, el tabaco, los miedos y la televisión, la política fascista y burócrata, los diarios, las conversaciones, la música, la farándula, el incomodo asiento, la ventana, el techo, el frío, el cemento y la falta de árboles. Todo se vuelve un poco más extraño. Y nosotros, que inevitablemente nos volvemos más viejos y conscientes que sólo podemos tomar la decisión de cambiar esto o volvernos indiferentes frente a todo lo que nuestro cuerpo necesita y mente desea.

Nuestra capacidad de sentir placer no está limitada, ni mucho menos perdida, La instancia de ser felices menos. Entramos en un ciclo donde nuestra posición es tan compleja que el hacer algo por cambiar y volver a la conciencia se ha transformado en un deber.

Esto,
fue lo que sentí al iniciar mi practica, y al intentar hacer, humildemente, mi primer adho mukha después de meses sin practicar.


Namaste

5 comentarios:

  1. wau, creo que me acabo de dar cuenta que la semana pasada no medité. probablemente esto nos esté llevando más lejos de lo que queremos y nos termine liberando de mala manera. Namaste.

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  2. Sólo cambié un poco el diseño del blog gracias a las herramientas de blogger :P
    Los escritos siguen siendo con intenciones similares
    ¿Por qué?

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  3. Porque has cambiado los títulos varias veces, y un título dice mucho del contenido, aunque podría haber varios títulos posibles, pero cada título se centra en algo...Por eso lo del enfoque:)
    Me gusta el colorcito este de fondo que le has puesto:)

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  4. Muchas gracias, y si. Es por lo itinerante. El titulo de ahora es por mi kin. Me gusta renovar los titulos y de pronto los colores (con esto ultimo soy menos flexible, porque no encuentro muchos colores).

    :)

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